Mis ojos se posaron sobre
pedazos de historias ajenas, trozos de papel que no me conciernen, ni me
concernirán y los que sin embargo cuentan un tanto de la historia que ahora
vivo, aunque no pronuncian mi nombre.
Y ahora pienso que hemos
sido sólo rostros, palabras que se repiten, trazos en papeles que impregnan
emociones que vibraron en algún momento, nadie sabrá jamás la intensidad
verdadera, el sentido cierto de todo aquello, nadie.
He dedicado palabras
sinceras y siniestras, líneas inspiradas e insípidas, colores y sombras, música
y disonancias, inspiraciones celestiales y maldiciones. Lo más que puedo sentir
ahora en conciencia de lo pasado, es terror al saber que he entregado medidas
de mi esencia contenidas en la pasión y el desencanto.
Algo que debiera aclarar…
Las cartas como las historias son marcadas en momentos precisos del tiempo,
años, etapas. En lo que a mí concierne a pesar de que las historias se
desarrollen de manera paralela, ninguna relación guardan la una con la otra y
eso al menos en el registro de mi conciencia significa respeto, aunque asumo
que es una postura poco convencional.
Berenice Pinzón