Con distancia en los ojos y en el alma, resulta ser, que uno
de los triunfos más satisfactorios posibles es no pensar más en razones que
creíste indispensables un día.
Haber borrado todo aquel signo que te removió las entrañas,
como si nunca hubiese existido.
Aceptar a fin de cuentas que a pesar de todos los lloriqueos
bastardos y los bastardos llorones, alcanzaste el horizonte con vida y que aún
se alcanza a ver a lo lejos.
Berenice PInzón