No imagino a alguien en su sano juicio, negándose a una provocación
de ti… Disculpa por ser el estúpido que lo hizo.
Por principio de cuentas tengo que confesar que escribo
estas líneas sólo porque ya no te encuentras al alcance de mi mano.
Quizá puedas pensar en mí como cobarde y de hecho lo soy
pero me considero más romántico que eso, por eso me preguntaba qué podrías
ofrecerme tú, alguien que seguramente nunca ha estado falta de amantes y
admiradores secretos o conocidos.
Yo que pasaba (Quizá aun lo hago) por el desmoronamiento de
mi vida como la conocía, mis formalidades construidas como dicen que deben ser,
una hija que nunca pretendí dejar, en fin… Uno que era yo sin ti y además, tú.
Tú, lo suficientemente joven para comerte al mundo, pero no
tanto para no poder recorrerlo entero. Tan magnética, consiente de tus encantos
y siempre dispuesta a usarlos.
Cómo podía un hombre como yo pretender, en medio de un caos
sentimental, liarme contigo, estoy seguro que habrías partido en uno de esos
viajes tuyos, llevándote el último maltrecho pedazo de mi corazón, que aun
resguardo celosamente sin saber bien a bien para qué, aunque sé que me ayuda a
seguir recordando a las que se han ido, incluyéndote a ti.
Respuesta de ella:
Querido y olvidado pobre y viejo diablo.
Lamento no estar más al alcance de tus manos.
Lamento que no te dieras cuenta que lo que yo ofrezco
siempre son historias de amor.