Depositado en hondo entierro. Ojos y rizos ausentes de
brillo, dientes deshechos de suplica, labios sellados a fuerza de desdén; piel
que un día sostuvo memorables batallas, yace inerte, descompuesta, dispuesta
simplemente al degrado.
No conserva de santa la belleza, la podredumbre corroe con fuerza el semblante más
liviano.
Se quedan los caminos desiertos, no los de tierra, los del
sentimiento.
Berenice Pinzón
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