jueves, 17 de noviembre de 2016

Nunca como ahora

Shadi

Si en dar gracias va la vida, yo daría la mía sin duda por haber sido elegida para contemplar la creación entera a través de un rostro tan pequeño.
Veo galaxias en tus ojos, la infinita y perfecta creación en cada uno de tus días.
El cambio, al que casi siempre huía, lo acepto ahora como compañero eterno de tu vida y de la mía.
Corre por tus venas polvo de estrellas, tú eres simplemente el latido de mi corazón.

Berenice Pinzón
                

martes, 8 de noviembre de 2016

Carta de un pobre y viejo diablo a una joven y seductora bruja

No imagino a alguien en su sano juicio, negándose a una provocación de ti… Disculpa por ser el estúpido que lo hizo.

Por principio de cuentas tengo que confesar que escribo estas líneas sólo porque ya no te encuentras al alcance de mi mano.
Quizá puedas pensar en mí como cobarde y de hecho lo soy pero me considero más romántico que eso, por eso me preguntaba qué podrías ofrecerme tú, alguien que seguramente nunca ha estado falta de amantes y admiradores secretos o conocidos.
Yo que pasaba (Quizá aun lo hago) por el desmoronamiento de mi vida como la conocía, mis formalidades construidas como dicen que deben ser, una hija que nunca pretendí dejar, en fin… Uno que era yo sin ti y además, tú.
Tú, lo suficientemente joven para comerte al mundo, pero no tanto para no poder recorrerlo entero. Tan magnética, consiente de tus encantos y siempre dispuesta a usarlos.
Cómo podía un hombre como yo pretender, en medio de un caos sentimental, liarme contigo, estoy seguro que habrías partido en uno de esos viajes tuyos, llevándote el último maltrecho pedazo de mi corazón, que aun resguardo celosamente sin saber bien a bien para qué, aunque sé que me ayuda a seguir recordando a las que se han ido, incluyéndote a ti.


Respuesta de ella:
Querido y olvidado pobre y viejo diablo.
Lamento no estar más al alcance de tus manos.
Lamento que no te dieras cuenta que lo que yo ofrezco siempre son historias de amor.



martes, 20 de septiembre de 2016

Eclipse de Ámbar

De la búsqueda y el encuentro.

De tu aroma.

Hueles a principio, ahora sé a qué huele uno.
Hueles a verdadero, la verdad nunca había tenido un aroma tan definido como el tuyo.
Hueles a perfecto, y me doy cuenta que todo lo otro fue una búsqueda sin esperanza ni fruto.

No existirán ojos, labios, dedos o presencias que impacten más a mis sentidos, como lo hace un esbozo de tu sonrisa.
Nunca un sonido más conectado a mi corazón que el que sale de tu garganta.

Con la certeza absoluta de que las palabras  no alcanzan. Tendría que saber cada expresión, sonido y forma de éste planeta y aún así, no sería suficiente.
Tu presencia simplemente da paso a lo divino y llena de sentido la existencia misma.

Berenice Pinzón

martes, 9 de agosto de 2016

Ansiedad

Mi piel huele a tiempo almacenado en un armario, a augurios congelados, a negación.
Cargo en el vientre prueba irrefutable de tu huida acompañada de la mía.
Cargo en la memoria y en la sangre la turbulencia de tu ausencia en mi historia, sé que te he descompuesto, quien me perturba tanto no existe, es la imaginación que he disfrazado con tu piel y con tu nombre.
Deseo como nada descansar de ti, de mí y de lo funesto que resultamos juntos.


Berenice Pinzón

jueves, 7 de julio de 2016

A lo lejos

Con distancia en los ojos y en el alma, resulta ser, que uno de los triunfos más satisfactorios posibles es no pensar más en razones que creíste indispensables un día.
Haber borrado todo aquel signo que te removió las entrañas, como si nunca hubiese existido.
Aceptar a fin de cuentas que a pesar de todos los lloriqueos bastardos y los bastardos llorones, alcanzaste el horizonte con vida y que aún se alcanza a ver a lo lejos.


Berenice PInzón

lunes, 6 de junio de 2016

Dulce descarga

El romance no es suficiente (yo diría que por embustero) pero me seduce tu fingida inocencia, como si no supieras que sólo he venido a poseerte en una mirada y que siempre aspiré a más que eso, con el placer de irme sin cargas, con el gozo de no echarte de menos.


Berenice Pinzón

domingo, 22 de mayo de 2016

Por la imperiosa necesidad de entender

Mis ojos se posaron sobre pedazos de historias ajenas, trozos de papel que no me conciernen, ni me concernirán y los que sin embargo cuentan un tanto de la historia que ahora vivo, aunque no pronuncian mi nombre.
Y ahora pienso que hemos sido sólo rostros, palabras que se repiten, trazos en papeles que impregnan emociones que vibraron en algún momento, nadie sabrá jamás la intensidad verdadera, el sentido cierto de todo aquello, nadie.
He dedicado palabras sinceras y siniestras, líneas inspiradas e insípidas, colores y sombras, música y disonancias, inspiraciones celestiales y maldiciones. Lo más que puedo sentir ahora en conciencia de lo pasado, es terror al saber que he entregado medidas de mi esencia contenidas en la pasión y el desencanto.
Algo que debiera aclarar… Las cartas como las historias son marcadas en momentos precisos del tiempo, años, etapas. En lo que a mí concierne a pesar de que las historias se desarrollen de manera paralela, ninguna relación guardan la una con la otra y eso al menos en el registro de mi conciencia significa respeto, aunque asumo que es una postura poco convencional.


Berenice Pinzón

lunes, 4 de abril de 2016

Diálogos perdidos

Ahora sé que inconscientemente nos hemos amado tanto unos a otros, más de lo que nuestras comprensiones pueden vislumbrar.
Sin embargo no negaremos que hemos tenido un alto grado de saña y perversión dentro de las “inocentes”  vidas de los otros; entrecomillo, porque a estas alturas me parece ridículo juzgarnos de una sola pieza, los personajes de melodrama deben morir junto con nuestra capacidad de conocer la naturaleza humana.
He escuchado hablar de términos medios, a la única persona que le he creído, me lleva a experimentarlos. No es correcto hablar de hambre si no se ha tenido.
Me pregunto si sabrás cómo te recuerdan, a quién haces sonreír, quién te suspira y quién te vomita. Me gustaría saberlo de mi misma.


Berenice Pinzón  

viernes, 1 de abril de 2016

Ensayo, carta, anotaciones, elucubraciones y otros tintes para los fantasmas mentales

Entonces un buen día noté que había dejado de escribir frecuente y apasionadamente, como ya se me había hecho costumbre. Siempre hubo uno que otro escrito suelto más por oficio que por inspiración a un pobre ermitaño (O siente serlo) De esos que anda desenamorado, inquieto, loco y dolorido por la vida, y que no sabe distinguir ni aunque el amor se arroje frente a él, bajo las ruedas de su auto. Lo arrollaría mil veces antes de percatarse que lo que se le ofrecía era suave, fresco e infinitamente sexy.
Gracias a aquel, comprendí que el abatimiento amoroso es un ente que crece proporcionalmente con la necedad y ceguera del ser humano. Que si me afecta, que si lloro, que si me hizo, dijo, engañó, bla, bla, bla, mil y un etcéteras, que te lleva a la autocensura, al auto maltrato y a verter una lastimosa amargura a tu alrededor que seguro nadie recordará con placer a futuro.
Luego de pensar en ello y agradecer por todas las deleitantes cosas que se presentan día a día en mi vida, me dispuse a hacer un recuento de los nombres que han causado inquietudes, excesos y desencantos en ella. Tengo tantas ganas de publicar los nombres con apellidos, en efecto para que no haya suposiciones al respecto y cada quien se dé por aludido en lo que le corresponde…
Sin embargo, mordiéndome labios, dedos y ganas, no lo haré y no  por falta de consideraciones sino porque resultaría poco literario, imagino. Aunque bien podría usar algún apodo privado que no deje lugar a dudas, a mí me darían inmensas ganas de buscar apodos íntimos en las listas de otros.
En fin que sólo diré que:

R.M. Conocí lo desconocido, la potencia de lo querido y al primero de los mal paridos. Gracias.

O.A. De lo místico al desperdicio, quizá ya estés muerto, no conocí tu apellido. De nada.

I.T. G. Gusto culposo, los errores siempre pueden resolverse. Gracias.

D. M. A. V.  Expectativa, aventura, misterio, reconsideraciones físicas, sin conclusión aparente.

S.C.G. Pasión, sometimiento, estupidez. Pasión, pasión, prueba de límites, hartazgo. Clausura.
D. F. R.  Playa, sol, mar, paisajes, sonrisas, maravillas compartidas, aprendidas y regaladas. Lazos reales que se generan a distancia. Gracias.

M. C. M. C. Crueldad de tiempo y distancia, lo que se quiere y no se puede y cuando se puede alguien lo jode. Gracias.

E. G. CH. O. Sorpresa, emoción, deleite, enamoramiento intelectual inevitable, asombro físico inagotable, incomprensión evidente.

G. M. N. Si el mundo no fuera mundo los compañeros eternos existirían. Mil gracias.

Mi presente tiene sabor, color, aroma y nombre, lo cual no se menciona porque se va construyendo, a todo lo demás…  “Al pan, pan y al vino, vino”


Berenice Pinzón

viernes, 19 de febrero de 2016

De mis cosas sin nombre y sin remedio

Me pregunto si te has reparado con la suavidad que esperabas.
Por mi parte, te encuentro de vuelta bajo los escombros de la negación y el olvido obligatorio.
Me cercioro de que nuestros momentos compartidos y mis deseos desbocados por ti, quedaron grabados a fuego, tanto que ni disolventes tan poderosos como la decepción o la tristeza han podido echarte de mis pensamientos.

Berenice Pinzón



viernes, 22 de enero de 2016

¿Es la lámpara del suicidio?


Cada acción que llevo a cabo, me pregunto ahora, si está enalteciendo mi libertad de ser… ¿Estoy siendo quién quiero ser?
¿Estoy ejerciendo una sana individualidad que no afecte a terceros?
¡Basta ya de pretensiones mal configuradas!
Caí, quizá de nuevo, en el apaciguamiento de mí misma por complacer a otros, por alguna especie de seguridad inconforme.
Entre mis reflexiones o las tuyas, afortunada o lamentablemente, me he de quedar con las mías.
¿Uno debe necesariamente perseguir un fin?
Existen ciertas cosas que de mi boca no surgirán para ti.
Con la pura nostalgia de “Los veinte se nos van” Aunque en esta etapa desee los cuarenta y dos de algún otro que en definitiva no eres tú.
Luego entonces, toda esta incertidumbre ¿es la lámpara del suicidio? O quizá deba seguir irremediablemente por este camino insulso.


Berenice Pinzón