Cada acción que llevo a cabo, me pregunto ahora, si está
enalteciendo mi libertad de ser… ¿Estoy siendo quién quiero ser?
¿Estoy ejerciendo una sana individualidad que no afecte a
terceros?
¡Basta ya de pretensiones mal configuradas!
Caí, quizá de nuevo, en el apaciguamiento de mí misma por
complacer a otros, por alguna especie de seguridad inconforme.
Entre mis reflexiones o las tuyas, afortunada o
lamentablemente, me he de quedar con las mías.
¿Uno debe necesariamente perseguir un fin?
Existen ciertas cosas que de mi boca no surgirán para ti.
Con la pura nostalgia de “Los veinte se nos van” Aunque en
esta etapa desee los cuarenta y dos de algún otro que en definitiva no eres tú.
Luego entonces, toda esta incertidumbre ¿es la lámpara del suicidio?
O quizá deba seguir irremediablemente por este camino insulso.
Berenice Pinzón
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