De nuevo el impulso de penetrar en la piel herida y verter en cada célula el veneno de la gente podrida que no tiene brida para herir.
Fijar la atención con aquella mirada desapegada sin pena ni remordimiento, esa que acesta un golpe a los sentimientos humanos que te cuentan que las cosas deben ser bellas y eternas.
Romper, romper ojos y corazones, encajar los colmillos en seres pequeñitos que aún forman su manera de querer.
Grita y hierve la oscuridad que escondes, rompe las paredes de la presa en donde intentas contenerla.
Sé que todo lo que pareciera quebrar mis huesos y tribula mi interior parará de un momento a otro.
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