Música de los cuerpos, realidades sonrientes de sol, arena y
mar.
Se llenaron los labios de tantos besos que las palabras
huyeron, se llenaron los brazos y el cuerpo de tanta entrega que terminó por
entregarse entera, eterna.
Respirar no amerita explicaciones, tan natural e
indispensable como amar.
Berenice Pinzón
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