Llorar contigo todas tus lágrimas a grito vivo, ahogado o en
sollozos, como lo prefieras, como lo dicte el corazón herido.
Guardarte de las malquerencias y los mal queridos, sólo
quizá para que en público accedas a las querencias y las queridas, contento
porque esas también existen.
Guardarte en los brazos consoladores de alguien que te
quiere a distancia.
A distancia de tiempo.
A distancia de sentimientos.
A distancia de realidad.
En privado que sepas, querido mío, que sería un placer
fundir tus ojos con los míos para que de una vez terminen de llorar.
Berenice Pinzón
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