Era yo sin rastro de mis labios, o los tuyos, no lo sé.
Eras tú sin rastros de tus ojos, quizá los míos.
Eran mis manos atontadas sin saber qué tocar, era tu aliento
sin recorrerme o mi piel sin el recorrido de tu aliento.
Éramos incompletos, sin saber qué había pasado, cómo
logramos mezclarnos a tal punto que no sabíamos quién era quién, qué de uno y
qué del otro. Éramos sin sabor, desencuentro, provocación a la nada.
Éramos de alguna manera y en un sólo instante todo lo que
nunca fuimos juntos y condenados a no volver a ser lo que éramos antes de
conocernos.
Berenice Pinzón
No hay comentarios:
Publicar un comentario