Desenterré esa historia que de no haber existido un "aquel" pudo haber sido sublime.
Miré el cuerpo de "aquella", hermosa por lo joven, porque cuando uno lo es, se le ve el ansia en la cara por ver otro día. Pero en ella el cuerpo estaba desgarrado, el rostro dejaba asomo de desesperanza, de división entre el presente y la nada, de sonrisa a medias por no vivir con plenitud. Amando una mentira que dejó profundo surco en su existencia, existencia que terminó tiempo atrás, sin embargo necesitaba traerla de vuelta a la luz, pedirle perdón por no cuidar de ella lo suficiente para que no cayera, hablar fuerte y claro para que siguiera su instinto y dejara caer el peso de su espalda sin remordimiento.
Lamento haber demorado años en reconstruirte. Lamento tanto. Te amo.
Berenice Pinzón
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