Te escribo desde el lugar más lejano en el que haya estado antes.
He de confesar que nunca me había sentido como ahora.
Para honrar mi presencia en esta vida te diré que te amé
incondicionalmente así como he amado y amaré a todo aquel ser que esté a mi
alcance en este tiempo y en todos. He aprendido a renunciar a mi pasado y con él
a todo lo tuyo, lo otro, lo “mío”.
No puedo más que agradecer la intensidad de lo vivido aunque
hoy sea la última noche en que sea mencionado y decididamente recordado.
Sabía de antemano que debía ofrendar algo, ese algo no será
mi cobardía por vivir, puesto que eso sería muy poco, ofrezco entonces mis
recuerdos, mis creencias, mis afanes y mis amores pasados.
Hasta entonces, hasta pronto, hasta nunca.
Berenice Pinzón
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