Se ha caído
en el error de asumir que la disposición de regalar tiempo, miradas, caricias y
amor otorga algo más que eso.
El goce
tiene la habilidad de cambiar de rostro y de sexo, la inteligencia también.
Habrá que
leer con detenimiento las letras pequeñas al final del contrato:
De mi mano al cielo… Sin mí, me importa
poco.
Berenice
Pinzón
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