Te espero a paso calmo porque sé que con sólo pensarte ya
has llegado.
Quizá por ahora me oculte de tus ojos para no recurrir en un
futuro a la estupidez del “no he vivido suficiente”.
Te ahuyento de mis violencias, de mis angustias, de mi
inmundicia para resumir.
Te regalo entonces ganas de mujer nueva, miradas de amor
reciente y un impulso siempre creciente de construir, no de reparar.
Berenice Pinzón
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