Entonces un buen día sucede que la perspectiva cambia, las
prioridades cambian. Las osadías de ayer
se observan como ajenas. Los ideales
prestados pierden peso.
Los rencores ya no saben ni a olvido y más de un par de
nombres se han fugado.
Entonces un buen día te sigue enamorando la vida con sus
formas todas, sus caricias todas, sus misterios todos.
No hay más que renacer cada día.
Berenice Pinzón
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