En presencia de un sin número de realidades voy, a veces
entusiasta, otras tantas desorientada.
Buscando dentro, el tesón, el valor, la misión que pese lo
suficiente para no fugarme de este embrollo tan denso, tan asquerosamente torcido.
Recuerdo entonces que la única verdad contundente es la
muerte misma, la belleza de lo trascendente, la que logra robarle el peso a
todo lo otro. Ella, la que indica que el orgullo es pérdida de tiempo. Las
lágrimas, banalidades que te puedes permitir de vez en vez. El amor la
sustancia de todo y la vida, una simple oportunidad.
Berenice Pinzón
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