Era yo sin duda, en una cama sin nombre, personalidad o
amor.
Era yo sin duda la que robaba besos, caricias y añoranzas perdidas.
Era ella en ese instante, la que habla tu idioma sin entender
tus dilemas.
Era aquella a la que jugabas a amar, olvidando las
incongruencias de alguna parecida.
Era esa que pagaba las cuentas altas.
La que ahora busca otro que pueda saldar las heridas que no
imaginé que podrías crear.
Berenice Pinzón
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