Vomitando ausencias…
De ningún particular,
más bien la propia.
Venenos puros que demandan atención.
Temeridades insolentes.
Sin duda ha cambiado la perspectiva, el dulzor que marcaba
los veintisiete y el desgastado debate
de la muerte como hecho, la palabra, una acción, simple transición, otro cambio
y sus incontables etcéteras.
Se sigue bebiendo el líquido fresco del orinal de los
bastardos, no de los olvidados sino de los que decidieron olvidar deliberadamente.
Berenice Pinzón
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