Recorro a paso encantado la ciudad plena de ti, las calles
se pintan de tu tersura, los sonidos se matizan de tu voz, renace la sonrisa que tenías presa, la que enamora a mi sonrisa.
El alma se alboroza ante el encuentro de su reflejo, baila,
se deja fluir.
Afuera, la vida toma tintes de caos, las historias se cruzan,
se revuelven, se intoxican. Adentro, la seguridad del amor genuino florece,
ese, que no tiene traducción en palabras, ese que sólo se sabe, sólo se siente.
Berenice Pinzón
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