Él, tan ex enamorado y ahora tan despreocupado de la misma
que hace años me regalaba su piel y sus pasiones, sin saber bien a bien lo que hacía.
Ella que en noches absolutamente inciertas y sin rumbo,
rodaba de sofá a cama entre bocas familiares, sin ser apreciada como debería.
Ahora y antes musa de un poeta, pintor, hombre, sensible
todo de pies a cabeza, y ahora él regalándome algo más que sus letras... Casi no
me creo que sea la misma ella, de la que no se hablará otra palabra en la noche
venidera en la que se han encontrada dos poetas.
Berenice Pinzón
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